645 38 98 22 · 93 742 80 30 / info@elroure.org / 08773 Sant Joan de Mediona (Alt Penedès. Barcelona) 

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La escuela El Roure inició su trayectoria en 2001 en una finca rústica del Alt Penedés (Barcelona). La fundaron Begoña González y Cristóbal Gutiérrez, como un paso más en la evolución de su concepto de escuela viva, después de fundar La Casita en 1996 en el barrio de Gràcia de Barcelona.

La creación de El Roure es fruto de la confluencia de dos recorridos personales y profesionales: el de Cristóbal Gutiérrez y el mío, Begoña González. Cristóbal hacía muchos años que se dedicaba al Seitai. Yo, desde que era adolescente, soñé con crear una escuela diferente a la que conocía. Estudié magisterio y algunas disciplinas que me interesaban especialmente, sobre todo en el campo de la expresión y el crecimiento personal. A partir de nuestro encuentro y de la convivencia con mi hijo, Cristóbal comenzó a organizar cursos sobre el cuidado en la crianza dirigidas a familias y educadores. De estos cursos surgieron algunas familias muy interesadas en la creación de un espacio para sus hijos e hijas en la línea que se proponía en los cursos. Así, en 1996 se dio el primer paso en el piso de Barcelona donde vivíamos, acogiendo cuatro o cinco niños y niñas. El apoyo y la confianza de estas familias fueron decisivos para la creación de La Casita (2 a 6 años) en el barrio de Gràcia de Barcelona, aquel mismo año y posteriormente también para la creación de El Roure (3 a 16 años) en Mediona, en el Alt Penedès, el año 2001.

 

La semilla de El Roure encontró condiciones favorables para germinar y crecer. Una paersona cercana hizo de mecenas ofreciéndonos comprar la preciosa finca que elegimos para ubicar el proyecto. Las primeras familias se dedicaron en cuerpo y alma a la reforma de las edificaciones e implicaron a familia y amigos.

Las primeras familias se entregaron en cuerpo y alma a la reforma de las edificaciones, implicando en ello a amigos y familiares. Aquélla fue una época de trabajo agotador, tanto en la reforma y adecuación del espacio y en la preparación de materiales educativos como en la reflexión y la evolución de la metodología, la organización y la explicación de la línea educativa que se estaba creando. Como en cualquier inicio, se vivía un ambiente de ilusión y de implicación muy intenso entre nosotros, las familias, los amigos y los profesionales que colaboraban de forma desinteresada. Compartíamos sudor entre cemento, escombros y pintura, horas de cocina, tertulias pedagógicas de sobremesa en grupo, sueños, incertidumbres y mucha confianza. Fueron tiempos de penurias económicas y dificultades constantes, en los que no había vacaciones, nos acaparadan por los problemas… y nos empujaba una fuerza inmensa.

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