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Los niños y niñas y los adolescentes

Hay un eje y una dirección en el camino de búsqueda de nuestra experiencia de acompañamiento: tener cuidado de la esencia del alma infantil. La mirada original de los niños está iluminada por el deseo de ser y aprender; pide un margen amplio de autonomía y una relación estrecha con los adultos.

 

El verdadero aprendizaje se da a partir del impulso de cada niño y es el fruto del diálogo continuo entre su interior y su exterior. Es una dinámica intrínseca al hecho de estar vivos, que puede ser favorecida y alimentada o dificultada y adormecida. Es por ello que aprendemos en todo lugar y momento y con todas nuestras capacidades implicadas. Nuestra propuesta pretende ser una experiencia dirigida a acompañar la globalidad del crecimiento del niño sin sobrevalorar ningún aspecto por encima de otro: su mundo emocional, sus aprendizajes culturales, su capacidad de reflexión, de expresión y comunicación con otros, la conciencia de si mismos, su desarrollo motriz, su creatividad, etc...

Pretendemos respetar el ritmo y manera de hacer de cada niño en lugar de determinar desde fuera el qué, el cómo y el cuándo en este proceso de crecimiento. Proponemos que la madre y el padre asuman el derecho y la responsabilidad básica en este acompañamiento, en lugar de la actitud de delegar en los profesionales de la educación y en la escuela una parte fundamental de su función. En este sentido, queremos que El Roure sea un espacio pedagógico habitual y cercano pero no exclusivo, en el cual haya otros adultos y experiencias que no hay en casa pero donde padres y madres quieren y pueden participar. Se trata que sean la madre y el padre los que decidan de manera continuada el grado de asistencia en función de la necesidad de su hijo.

 

El proyecto implica integrar los aprendizajes académicos en la vida familiar, como cualquier otro aspecto de la realidad que se ofrece a los niños. Entendemos que es una experiencia enriquecedora y gratificante para cualquier adulto, ya que implica hacerse partícipe de la curiosidad de los hijos o hijas, prestarles atención y acompañarles en toda su dimensión.

Acompañamiento